Dicen que la música transmite, que te hace recordar buenos y malos momentos tan sólo cerrando los ojos y centrándote en los acordes. Eso hago; y ahora tengo delante de mi una botella de Limka bien fría, una mesa de madera, una terraza y el lago de Pushkar en frente de mi. Disfruto del momento y no quiero que se acabe. Al poco tiempo me sirven el plato especiado.
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